En Chile todos nos conocemos; en el mundo bien poco se conocen unas a otras las naciones que viven y reinan sobre su superficie. Sería, pues, tan ridículo que los chinos se rieran de nuestra ignorancia, porque muy pocos sabemos que Nankin no es trapo sino que ciudad, cuanto que nosotros nos enfadáramos porque en la China ni siquiera se sospecha que existimos por acá.
He hecho esta digresión para poder disculpar más a mis anchas al oficinista parisiense que debió extender mi pasaporte para Chile, y que no lo hizo porque no quise sentar bajo mi firma que Chile y México eran una misma y sola cosa.
- ¿De qué país es usted, caballero? - me preguntó el oficinista.
- De la República chilena.
- ¿Cómo dice usted?
- De Chile, señor.
- ¿Que está usted diciendo? ... Chile, ¡vaya un nombre!
- Sí, señor -repuse azorado-; de Chile, república americana; ¿qué tiene de extraño este nombre?
- ¡Ah, ah! ¿De l`Amérique,eh? ... Chili... Chile, aguarde usted..., Chile. Dígame usted más bien, caballero, ¿de qué pueblo es usted?, porque del tal Chili no hago memoria.
- De la ciudad de Santiago, señor.
- ¡Anda, diablo! - exclamó entonces el sabio oficinista -; ¡acabará usted de explicarse! - y volviéndose a su escribiente, le dictó estas palabras:
"V. Pérez Rosales, natural de Santiago de México".
Al oir semejante atrocidad, exclamé echando un voto:
- De Chile, que no de México.
- Pues mándese mudar de aquí - dijo entonces, alzándose de su asiento, el geógrafo francés -, y no me vuelva a entrar en mi oficina antes de averiguar mejor cuál es su patria.
[Recuerdos del pasado; Vicente Pérez Rosales]
martes, 17 de febrero de 2015
jueves, 17 de octubre de 2013
Dora - La Exploradora
[ManJar]
¡Temor! Eso es lo que siento cuando te acercas. Aunque no me has
causado daño alguno, escondo mis extremidades, protejo mi cuello
y observo con el rabillo de mis ojos cuanto te acercas.
Me encojo aún más cuando me tomas y llevas a un lugar soleado,
en donde me dejas sumergida en agua. Mientras inicio la
elongación muscular necesaria para desplazarme fuera del pocillo,
me acercas unas hojas verdes, que dejas sobre el césped para que
mi curiosidad haga lo demás.
Al escapar de mi baño involuntario; extrañamente, me siento
relajada, estiro con fuerza mis extremidades; elongando mi cuello
al máximo, oteo el cálido aire de Septiembre.
Huelo frescura, me desplazo a mi ritmo hacia el lugar en que
dejaste esas hojas, que comienzo a saborear rápidamente; espero
no vuelvas muy pronto.
Es extraño, pero siento un adormecimiento en mi cuerpo, creo que
buscaré un lugar para seguir hibernando, la temperatura aún es
baja.
Con mis uñas logro asir las hojas del césped y desplazarme hasta
el muro que refleja los rayos del soleado atardecer, buscaré una
pequeña cueva para seguir en mi proceso de crecimiento.
Como vez, necesito el descanso y soledad para fortalecer mi
caparazón; tú al contrario requieres de la luz, ejercicio y
alimentación contínua.
No tienes que envidiarme; somos especies diferentes, solo
debemos cuidar de los más débiles.
Cuenta con mis permanentes oraciones, pediré por ti y los tuyos;
para que siempre puedas cuidarme y admirar la creación.
martes, 15 de octubre de 2013
En el libro "Alma Chilena" (1912) se define al poeta Carlos Pezoa Véliz, de este modo:
"Alguien que hubiera nacido como el pueblo nace,
de un oríjen incierto, y caido prematuramente en la orfandad; que
hubiera sufrido sus privaciones, vivido su infancia sin alegría y su azarosa juventud.
Alguien como el roto de injenio vivo y audaz; como el huaso impresionable y supersticioso, a quien se le hubieran revelado
en toda su desnudez las miserias del conventillo, las sorpresas del vagabundaje, los dias sin pan y las noches sin refujio, la temprana necesidad de buscarse un oficio y la via-crucis que debe repechar para acercarse a donde le incita su doble ambición de desquite: nombre y fortuna."
Quizá esta sea una de las razones por la que me gustan sus poemas...
"Alguien que hubiera nacido como el pueblo nace,
de un oríjen incierto, y caido prematuramente en la orfandad; que
hubiera sufrido sus privaciones, vivido su infancia sin alegría y su azarosa juventud.
Alguien como el roto de injenio vivo y audaz; como el huaso impresionable y supersticioso, a quien se le hubieran revelado
en toda su desnudez las miserias del conventillo, las sorpresas del vagabundaje, los dias sin pan y las noches sin refujio, la temprana necesidad de buscarse un oficio y la via-crucis que debe repechar para acercarse a donde le incita su doble ambición de desquite: nombre y fortuna."
Quizá esta sea una de las razones por la que me gustan sus poemas...
viernes, 21 de junio de 2013
El Porvenir
[Guillermo Fernández Shaw - 1893/1965 - Español]
Al salir al jardín, desde la casa,
cumplo con mi deber,
y a cada árbol pregunto como a un hijo:
- Y tú, ¿qué vas a ser?
- Yo quiero ser una canoa,
un barco libre sobre el mar,
para cumplir mis sueños locos
de navegar.
- Yo anhelo ser un banco humilde,
en el que, una y otra vez,
hallen descanso los que vayan
languideciendo en su vejez...
- Yo, desde hace muchos años,
pongo mi afán
en ser la misma mesa blanca y limpia
donde cristianamente
se parte el pan...
- Yo pongo toda mi ambición
en ser madero de la Cruz
que simbolice y perpetúe
el sacrificio de Jesús...
Y al arbolillo, verde y tierno,
que apenas si creció,
al arbolillo cimbreante,
pregunto luego yo.
- yo quiero ser - me dice -
un árbol de verdad.
Y no ser más que árbol,
¡árbol grande!,
toda la eternidad.
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